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Huelga decir que “El crimen de Cuenca” es una de las mejores películas del cine español. A Pilar Miró le costó uno de los muchos disgustos que padeció; perseguida por muchos fantasmas, entre otros los de la censura, sacó una carrera profesional ejemplar, que con idas y venidas, producciones mejores o películas peores, hacen que hoy, catorce años después de muerta, siga siendo un ejemplo de entereza y lucha contra la guerra política.
Por ello nos hemos animado a dedicar todo un año, 12 meses, los 12 del 2012, a las producciones literarias y cinematográficas realizadas por mujeres. Ya contaremos más porque creemos que este proyecto necesita mucho apoyo y cariño. Vista la carencia en la difusión de libros y largometrajes firmados por mujeres, unos cuantos nos hemos decidido a poner un paréntesis a las creaciones masculinas, que han invadido nuestra vida cultural, y dedicar un intenso año a la cultura en femenino.
Sobre esta película, que sirve de ruptura en este sentido, diremos lo siguiente:
Miró dirige con maestría una obra macabra, tan ofensiva como la realidad en la que está basada. Los sucesos tuvieron lugar en localidades de Cuenca como Osa de la Vega o Belmonte a principios del siglo XX. Como es una película acerca de la tortura, y esto es algo que la realizadora siempre quiso dejar patente, hay escenas desagradables montadas de una manera tal que el miedo puede sentirse demasiado cerca como para no evitar que el que escribe, que ha visto “casi todo” en cine, aparte la vista. La psicología de las imágenes toma el primer plano. La música y recreación sonora hace mucho más de lo que a priori podría creerse, y de esto tiene la culpa el compositor Antón García Abril.
Pero análisis aparte, “El crimen de Cuenca” es la historia de dos hombres que estuvieron a punto de perder la vida, y que de hecho la perdieron durante casi quince años, tiempo en el que estuvieron viviendo un engaño provocado por un sistema opresivo repleto de “oligarquía y caciquismo” con demasiados aires de grandeza por parte de los que ostentaban el poder. Dos hombres que vieron truncada una vida humilde que acabó en miserable. Dos hombre y el imaginario de “lo español” precisamente recreado en una cinta esencial que, si bien no hizo que se torturara a nadie, sí que sufrió los estertores de la censura de nuestro no tan antiguo régimen.
Un tremendo reparto artístico con Amparo Soler Leal, Fernando Rey, Héctor Alterio o Félix Rotaeta completan la fantasmagórica historia interpretada por Daniel Dicenta y José Manuel Cervino.