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De una manera inconsciente se ha ideado un sistema de laberintos y túneles por el que se comunican cada uno de los libros que vamos a comentar. Verdad es que hemos empezado fuerte con uno, y dentro de “En Grand Central Station me senté y lloré” hay un pasadizo tenebroso que nos conduce a “La Reina de las nieves”. El escenario arrebolado. Las puestas de sol. Cuándo sale, cómo se pone.
Carmen Martín Gaite se inspira en el cuento de Andersen del mismo título para proyectar un asunto de familia que, aunque se insinúa desde la primera página, no se esclarecerá hasta el final. Mientras tanto la autora deja pasar los días en un tiempo imposible: sitúa la acción en los años setenta, época en la que comenzó a escribir la historia, y la concluye en los noventa. Como bien explica, no se ha sacado un as de la manga, aunque en cierto modo sí. A causa de la muerte de su hija –junto con la Guerra Civil, el enterrar a un hijo es para mí una de las mayores calamidades- la escritora enterró los papeles, se desentendió de los mismos e incluso se olvidó. Quince, ni más ni menos. Quince años tuvieron que pasar para que Martín Gaite los rebuscara, removiera cielo y tierra para encontrarlos y continuarlos. Cuando lo hizo, no se acordaba de nada de lo que había escrito: no recordaba haberlo elaborado tanto. El libro era otro. Hizo lo que Horacio: encerrar los papeles en un cajón y que se alimenten de tiempo. Y todo parece indicar que le fue bien.
Rara y difícil
Para mí es una novela, vale. De lenguaje poético, de acuerdo. Pero sobre todo es una escritura literaria. Parece un libro que continúa, que sigue, que no acaba, que permanece. No es de extrañar que esa sensación me la produzca la fábula que la inspira: Gerda, Kay, La Reina de las Nieves. Leonardo Villaba y Casilda Iriarte. Y la admirable Reina de las Nieves, que no podía ser más familiar. Esta historia contiene secretos inconfesables. Como lector se me hace cuesta arriba la última parte, juega al despiste, después, tras las Confesiones a Mauricio la vida cambia. Rara estructura, no me extrañaría que se tratara de un proyecto en extremo personal.
Difícil pero cercana. La paladeo, puedes vivir en la historia, es un libro que no quiero que se acabe. Divago, siesteo, me entretengo. Empuja el corazón y la fuerza que te queda. Afortunadamente hay temporadas y “nadie el feliz”. Tengo apuntes, tengo un esbozo, alcanzo la estructura…y de repente llega la Reina de las Nieves y se derrumba mi edificio con el su aire al andar. Paso de todo.
Droga. La experiencia con la droga, el tráfico, los motivos. Cárcel. Las historias de la cárcel, el valor de la libertad, un desaliento al salir, las noticias…
Por todo lo demás es un libro frío y azul, con un paisaje de acantilado al que sobrevivir. Dando uno o dos, o siete saltos mortales tomando una foto de nuestra cara antes de saltar al vacío. Y poco más que animaros a leerlo.
Mejores escenas en los bares y calles de Madrid. En los barrios y discotecas.
Por la puerta de la siguiente frase y por la Reina (la calle de la Reina, te trataré como a una Reina) pasamos al siguiente libro, el primero de una “saga” de los firmados por Rosa Montero:
“El vértigo es…miedo a la locura”